La vida de Steve Jobs contada por Walter Isaacson

Un día Jobs entró en el cubículo de Larry Jenyon, el ingeniero que trabajaba en el sistema operativo del Macintosh, y se quejó de que aquello tardaba demasiado en arrancar. Kenyon comenzó a explicarle la situación, pero Jobs lo cortó en seco. “Si con ello pudieras salvarle la vida a una persona, ¿encontraróas la forma de acortar en diez segundos el tiempo de arranque?“, le preguntó. Kenyon concedió que posiblemente podría. Jobs se dirigió a la pizarra y le mostró que si había cinco millones de personas utilizando el Mac y tardaban diez segundos de más en arrancar el ordenador todos los días, aquello sumaba unos 300 millones de horas anuales que la gente podía ahorrarse, lo que equivalía a salvar cien vidas al año. “Larry quedó impresionado, como era de esperar, y unas semanas más tarde se presentó con un sistema operativo que arrancaba veintiocho segundos más rápido -recordaba Atkinson-. Steve tenía una forma de motivar a la gente haciéndoles ver una perspectiva más amplia”.

No soy crítica literaria ni pretendo serlo. Steve, fue un genio sin mayor coeficiente intelectual que cualquiera, cuidó minuciosamente muchos aspectos de su vida, sin embargo, para ello también se vió obligado a descuidar algún otro. He acabado de leer su biografía, que a pesar de la impresión que pueda dar su extensión, ha resultado reveladoramente entretenida (supongo que como la vida del protagonista). He aprendido muchas cosas interesantes, cual eran sus motivaciones, su filosofía, cómo trabajaba y cómo hacía que los demás trabajasen.

Aunque a veces utilizara técnicas controvertidas consiguió unos resultados inigualables haciendo creer a sus trabajadores lo que parecía imposible no lo era del todo.

“Aquello me hizo darme cuenta del poder de la inocencia -recordó Atkinson-. Fui capaz de hacerlo porque no sabía que no podía hacerse”.

Hay un sinfín de curiosidades como por qué algunos aparatos de Apple no tienen botón de encendido y apagado, por qué la antena del primer iPhone 4 dió algunos problemas, por qué revolucionó el sector de los ordenadores personales, el de la música y la industria discográfica, las tabletas o la telefonía móvil e incluso qué otros sectores pretendía revolucionar más adelante.

Fue un hombre obsesivo, cuidadoso y arrogante que se propuso crear una compañía duradera y para ello sacrificó muchos aspectos de su vida, incluida, en cierta medida su salud. Me parece una lectura recomendable, muy didáctica y realmente entretenida, al menos para mí que tengo cierto interés en la materia. No es nada pesada puesto que tiene una forma muy interesante de combinar negocios con vida familiar y privada para que nunca pierdas el interés en lo que estás leyendo.

Hay muchos consejos aplicables al mundo de los negocios, pero no sólo a eso sino también a la vida misma y a la labor que, como personas, podemos realizar en este maltrecho mundo. Quizás no fuera la persona más altruista del mundo,  pero nunca buscó el beneficio económico sino la creación de geniales productos. Adivinaba lo que la gente quería antes de que ellos mismos supieran que lo deseaban.

Encabezando el folleto, McKenna colocó una máxima que a menudo se atribuye a Leonardo da Vinci, y que se convirtió en el precepto fundamental de la filosofía del diseño de Jobs: “La sencillez es la máxima sofisticación“.

Una última cosa:

Por eso me gusta el blanco. El blanco no es simplemente un color neutro. Es un tono muy puro y tranquilo. Es atrevido y llamativo, pero también discreto al mismo tiempo.

Ha sido un placer.
Mua!

Á.

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